miércoles, 22 de agosto de 2012

Querella de las investiduras


La Querella de las Investiduras consistió en el enfrentamiento entre papas y reyes entre el 1073 y el 1122.



Fue desencadenado por el Papa Gregorio VII y el Emperador del Sacro Impero Romano Germánico, Enrique IV, en donde ambos se disputaron la supremacía del poder.

En el año 1075, el recientemente nombrado Papa, Gregorio VII, emite un "Dictatus Papae" en el que expone el papel que debe regir la iglesia respecto al poder temporal.

En éste determina la absoluta supremacía del Papa, ubicándose por encima de los clérigos, obispos, fieles e iglesia, ya sean éstas locales o nacionales. Sólo el Papa tiene el poder de nombrar obispos, como así también emperadores y príncipes, quienes le deben sometimiento.

La querella se expresó en el deseo de obtener la autoridad imperial por encima de los reyes, hecho que molestó al emperador Enrique IV quien no estaba dispuesto a ceder su poder, actitud que demostró al no modificar en nada sus prácticas frecuentes: siguió nombrando obispos en Alemania, más aún, nombró arzobispos en Milán, territorio que había rechazado de cuajo las nuevas directivas papales.



La respuesta por parte de Gregorio VII fue al comienzo, un claro llamado de atención hacia la desobediencia. Por su parte, el Emperador convocó a un conjunto de obispos quienes lo apoyaron, negándose a reconocer las nuevas directrices. El resultado fue la excomunión del Emperador y de quienes lo acompañaban, destituyéndolo de la corona imperial quien, ante la posibilidad de perder el favor de sus súbditos como así también la bendición de la fe, pidió perdón al Papa.

La querella se reaviva cuando Enrique IV convoca un grupo de prelados, desposeyendo a Gregorio VII y nombrando en su lugar al antipapa, Clemente III. La Querella de las Investiduras se mantuvo hasta la llegada del Papa Calixto II, quien firmó el Concordato de Worms en 1122 confirmado por el Concilio de Letrán.



Se estableció un acuerdo entre la Iglesia y el Imperio en el cual, la iglesia se reservaba el poder de las consagraciones religiosas, en tanto que al imperio le correspondía la investidura temporal y los derechos de regalía.


Asimismo, el emperador tenía el poder de asistir a la elección de cargos eclesiásticos y utilizar su voto cuando el quórum no fuese suficiente.









.

No hay comentarios:

Publicar un comentario